
La creciente explotación sexual a la que son sometidas niñas y adolescentes se agravó en los últimos tiempos, debido a que muchas de ellas se prostituyen para poder mantener su adicción al paco. Como un daño colateral del gran aumento del consumo de esta droga en zonas marginales de la Capital Federal y el conurbano bonaerense, el paco se convirtió en un medio de pago por los servicios prestados.